Reportaje prostitutas que es puta

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Regina la llamó por teléfono para avisarle de su visita. Se llama Inna y es la administradora del local. Nastia, de 31 años, y Madina, de 20, beben té. Encima de un minicamisón sexi, visten una camiseta. Las tres chicas reciben entre 10 y 15 clientes por noche pero cobran la mitad de los 2 mil rublos por hora 33 euros que les pagan. He aprendido a no mostrar el miedo", cuenta Nastia, una pelirroja de ojos verdes originaria de los Urales.

En voz baja, Madina, una uzbeka que apenas habla ruso, enumera los abusos: Reguina prepara los test. Antonia tiene 28 años y Marga, como hemos dicho, Viéndolas juntas, tan distintas, se me ocurre que una vende sexo de fiestas de guardar y la otra sexo de días laborables. Y hay consumidores para todos los gustos. Muchos, cuando se les ha acabado el tiempo, pagan una hora extra para poder hablar. El sexo es, con frecuencia, la coartada para hablar. Y a una prostituta se le cuenta todo. No te puedes ni imaginar los conflictos que tiene la gente.

Mientras conversamos , el camarero se mueve a nuestro alrededor disimuladamente, con curiosidad. Han tenido que trasladarse desde el Raval porque los alquileres, en este barrio, se han puesto por las nubes. Desayunamos en una churrería que hay debajo de su casa. Salma dormita en brazos de su madre con el patinete aparcado a medio metro. Mientras tomamos el café, Marga me cuenta que en fueron al Senado para hablar ante una comisión. Cuando se enteraban de quién era la prostituta, empezaban a apartarse de ella y a mirarla de un modo especial.

Lo de la antropóloga les pareció muy bien, pero cuando se enteraron de que yo era la prostituta, dijeron que tenían que consultar antes de acreditarme. Era una comisión sobre prostitución y se preguntaban si debía estar presente la prostituta. La niña tiene un comportamiento normal desde cualquier punto de vista que se mire. Conoce a todo el mundo y todo el mundo la conoce a ella. Es un sueño, pero tarde o temprano lo realizaremos. Cuando murió mi marido, su familia quiso quitarme a la niña y me llevó a juicio.

Pero el informe médico-forense me dio la razón a mí. Decía que Salma tenía, a mi lado, todo lo que necesitaba una niña.

Yo he visto casos de mujeres a las que los servicios sociales les han quitado a sus hijos y les han destrozado la vida. Yo me levanto por las mañanas y lo primero que veo es su sonrisa. Forma parte de mi vida como yo formo parte de la suya. Y la educo en el respeto a todo el mundo. Me cuenta esto en el metro , donde nos dirigimos al Raval para dejar a la niña en casa de una amiga de Marga. El vagón va medio vacío, de manera que nos sentamos juntos, en un asiento de tres.

Salma se coge a su madre con una mano y sujeta el patinete con la otra. Marga se quedó viuda del padre de Salma hace dos años. Viven separados, pero a veces Marga se queda a dormir en la casa de él, o al revés. Se trata de una historia de amor bien curiosa porque se conocieron cuando Marga tenía 14 o 15 años y él 18 o Entonces, Marga trabajaba en la casquería de la Boquería, pero pertenecía a un grupo de voluntarios que dedicaban el tiempo libre a ayudar a personas dependientes.

José, su novio actual, pertenecía también a ese grupo de voluntarios, y se conocieron realizando esa actividad. Como tenían preocupaciones comunes, hablaban mucho. Con el tiempo, cada uno se convirtió en el amor platónico del otro. Durante todos estos años, supe que llamaba a casa de mis abuelos para preguntar por mí.

No es que si le pidiera ayuda no me la diera, pero quiero salir adelante por mí misma. Nuestra relación ha ido evolucionando hacia una relación de tolerancia. Todos los hombres con los que he estado han sabido a qué me dedicaba. Siempre he tenido el privilegio de no esconderme, que es lo normal en mi profesión. Marga perdió a sus padres en un accidente de automóvil cuando tenía 10 años.

Se educó con sus abuelos, que aceptaron su decisión de hacerse prostituta. Me dijeron que tuviera cuidado de adónde iba y de por dónde me movía.

Y que siempre tendría su casa abierta. Yo, al principio, llamaba a mi abuela y le decía: Siempre prevaleció el amor que nos teníamos. Después de dos o tres trasbordos y decenas de estaciones, salimos del metro y emprendemos un recorrido por el laberinto de calles del Raval.

Es media mañana, pero algunas se encuentran ya llenas de prostitutas. Me parece imposible que haya trabajo para todas y es evidente que no lo hay. Salma va pasando de unos brazos a otros. Todas las mujeres la besuquean. Algunas abren el bolso y le regalan un euro. Marga se detiene un rato con cada una. Las hay de todas las nacionalidades. La asociación dispone de un pequeño despacho en el centro cívico Pati Limona.

Acuden a la reunión Isabel Holgado, la antropóloga con la que cenamos la noche anterior; la propia Marga, y dos personas que trabajan para la organización: Olimpia, una cubana que no para de hablar ni de reír, y Valeria, una chica brasileña tímida y circunspecta.

Todas se muestran preocupadas por la situación del sector. Cada una relata las experiencias que ha tenido en sus visitas a las esquinas o a los pisos a los que acuden para concienciar a las chicas de la necesidad de utilizar preservativos, de defender sus derechos, de denunciar los casos de malos tratos o la existencia de menores.

Una cosa es la trata de mujeres, que es un crimen y hay que perseguirla y erradicarla, y otra cosa es la que ejercer las mujeres de manera voluntaria. Hay muchas que lo hacen libremente y reivindican sus derechos, su consideración por parte de la sociedad y la eliminación del estigma. Estas mujeres emancipadas, independientes y profesionales del sexo dominan de puertas para dentro: Cuando estableces una relación tan personal durante tanto tiempo surge una amistad como mínimo.

La mayoría son hombres normales y corrientes: Son solo hombres aburridos, que van al trabajo de una señorita que les hacen sentir bien. Normalmente un hombre no aguanta una hora teniendo sexo. Hay un cuarto de hora de sexo y tres cuartos de hora de compañía:

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Prostitutas chinas girona prostitutas de lojo Olimpia, la cubana, se presenta a todas diciendo: Cuando se enteraban de quién era la prostituta, empezaban a apartarse de ella y a mirarla de un modo especial. Salma va pasando de unos brazos a otros. No sé cómo escapé del prostíbulo de Argentina dónde me prostituían, de verdad que no lo sé. Muchos, cuando se les ha acabado el tiempo, pagan una hora extra para poder hablar.
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Prostitutos scort prostitutas Nos hacen putas, nos convierten en putas". Y no te digo nada del sueldo porque no te lo ibas a creer. Y que siempre tendría su casa abierta. La oferta en España es casi inacabable. Los que van de putas son "prostituidores". De hecho, en algunos hay dos tarifas, una con y otra sin. Reciba el boletín "Por la mañana".
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reportaje prostitutas que es puta Muchas llevan tres o cuatro horas sin hacer un solo servicio. Se dijo primero que se trataba de una coacción de la competencia. No sé si las tengo idealizadas, pero en mi mente figuran como mujeres altas, arregladas, hermosas. Normalmente un hombre no aguanta una hora teniendo sexo. Ni siquiera así se logró reducir. Agullana, Cantallops y Capmany. Por primera vez sentí su ausencia.

Creo que es el factor puerto. Era como la historia de Mujer bonita , pero con un tipo que no era ni tan generoso ni tan bondadoso como el protagonista. De alguna manera, sentía que él le enrostraba todo el tiempo dónde la había conocido. La ofendía y eso me molestaba. Le decía todo el tiempo que ella tenía a otro. Nos distanciamos y durante los próximos tres años surgió esta sensación de que existía, pero de que no se hacía cargo de mí.

El sistema me lo empezó a mostrar: Por primera vez sentí su ausencia. Llegué a una población politizada, frentista. Allí, un día apareció en una revista un reportaje sobre prostitución, que circuló de casa en casa. En la foto principal, había prostitutas, quienes daban su testimonio y posaban con una huincha que tapaba sus ojos. Las mujeres de la población reconocieron a la hija de una de las vecinas, se pararon afuera de su casa y la increparon.

La trataron de indecente. Desde mi adolescencia que escucho con harta liviandad a las mujeres llamarse putas o maracas entre ellas. No me saco la taza de té de la boca para defenderlas cada vez que alguien se refiere a este oficio, pero lo reivindico. No cualquier mujer lo haría y eso es digno de admirar, sin idealizar.

Predico un discurso feminista que se sostiene, en gran parte, por haber crecido rodeado de un matriarcado impresionante de mujeres que manejaban y mandaban en sus casas, que se hacían cargo de sus hijos y que tomaban las decisiones sin preguntarle a nadie.

A veces siento que el feminismo juega al empate, pero estas mujeres no estaban ni ahí con empatar. Lo primero que hace es romper tu identidad y convertirte en un objeto de uso y abuso. Empezando por tu cuerpo. Un cuerpo es un todo, pero sin embargo una puta sólo tiene boca, vagina y ano. Una puta no tiene clientes, porque no es un banco ni una tienda.

Nuestros maridos, nuestros hermanos, nuestros jueces, nuestros políticos, nuestros sacerdotes… Todo tipo de hombres. Sí, tengo un hijo de 21 años que nació años después de que dejara la prostitución. Cuando era puta lo que tuve fue cinco abortos. Pero trabajo para que esa rabia sea combustible para seguir peleando y pensando en la sociedad.

Esa rabia hace que yo no sea una mujer conformista. Y por eso lucho con todas mis fuerzas contra esa violencia que es la prostitución. Hay que educar a los niños contra la prostitución en los colegios, en primaria y en secundaria, en las universidades… Sólo así conseguiremos que los niños no se conviertan el día de mañana en prostituidores y que a las niñas no las conviertan en putas.

En primer lugar nuestros gobernantes. Una puta es el resultado de las políticas de quienes nos gobiernan.

Pero perdió su empleo, acabó en la calle y cayó en las garras de la prostitución. A mí me prostituyeron con 16 años. Escapé de allí y me fui a Buenos Aires. Siempre prevaleció el amor que nos teníamos. Después de dos o tres trasbordos y decenas de estaciones, salimos del metro y emprendemos un recorrido por el laberinto de calles del Raval.

Es media mañana, pero algunas se encuentran ya llenas de prostitutas. Me parece imposible que haya trabajo para todas y es evidente que no lo hay. Salma va pasando de unos brazos a otros. Todas las mujeres la besuquean.

Algunas abren el bolso y le regalan un euro. Marga se detiene un rato con cada una. Las hay de todas las nacionalidades. La asociación dispone de un pequeño despacho en el centro cívico Pati Limona. Acuden a la reunión Isabel Holgado, la antropóloga con la que cenamos la noche anterior; la propia Marga, y dos personas que trabajan para la organización: Olimpia, una cubana que no para de hablar ni de reír, y Valeria, una chica brasileña tímida y circunspecta.

Todas se muestran preocupadas por la situación del sector. Cada una relata las experiencias que ha tenido en sus visitas a las esquinas o a los pisos a los que acuden para concienciar a las chicas de la necesidad de utilizar preservativos, de defender sus derechos, de denunciar los casos de malos tratos o la existencia de menores.

Unas pasean y otras permanecen sentadas en sillas. Algunas forman grupos y otras permanecen solitarias. Nuestra llegada es bien recibida.

Les damos condones y lubricantes y folletos. Olimpia, la cubana, se presenta a todas diciendo:. Si necesitas abogado, médico, llama a este teléfono. Después buscamos por la zona a una menor que alguien ha visto durante los días pasados. Siempre que ven a una menor, avisan a la policía porque cerca de ella hay, casi con toda seguridad, alguien que la controla.

De ser así, se ocupan de que se lleven a la menor y a la controladora en distintos furgones. No damos con ella. En la ronda de San Antonio, las prostitutas se cuentan por decenas. Todas se quejan de la falta de trabajo. Muchas llevan tres o cuatro horas sin hacer un solo servicio. Olimpia saca el móvil y llama a alguien. Luego queda con ella para llevarla el miércoles al médico.

El miércoles vengo y te llevo al médico. Intentaremos que no te cueste nada. Y así vamos, de esquina en esquina, hasta que se nos acaban los preservativos y los folletos. Pasan de las dos de la tarde.

Marga va a trabajar ahora en esa misma calle, pero le propongo que comamos algo primero, de modo que nos sentamos en la terraza de un bar y pedimos unas raciones. Marga ha salido de casa vestida para hacer la calle, pero no lleva nada realmente escandaloso.

Simplemente va un poco ceñida. Ya hemos dicho que no vende magia ni fantasías venéreas, vende sexo cotidiano y conversación. Durante la comida, me habla de las extranjeras.

Aquí, en un McDonalds puedes comer por tres euros. A ver qué le cuentas a una persona que te dice eso, o que te dice que su madre la puede vender. Estas mujeres tienen que aprender mucho, muy deprisa, y no perder la razón en el proceso. Cuando terminamos de comer , hace un gesto de: Le pregunto si no se pinta un poco, pues va con la cara lavada, y me dice que sí, que se pinta en un bar que hay allí cerca. De camino hacia la esquina en la que suele colocarse, nos tropezamos con una compañera que toma café en una terraza en compañía de un hombre.

Hacen unas presentaciones un poco ceremoniosas y, tras despedirnos, me cuenta que el hombre, un sujeto mayor, la ha retirado. Cuando llegamos a su esquina, donde hay una sucursal de La Caixa, yo me siento a la mesa de una terraza y pido una infusión mientras ella se mete en el bar para "arreglarse". La verdad es que sale casi igual que ha entrado, con un poco de color en los labios y en las mejillas. Nos hacemos un gesto de reconocimiento y se va a su esquina.

Cerca de mí, alrededor de un banco, hay un grupo de rumanas, entre las que se encuentra la chica embarazada de la mañana. Son jóvenes y muy alborotadoras. Alivian el aburrimiento con risas y bromas.

Muchas se pasean con un botellín de agua mineral entre las manos. Otras se comen furtivamente un bocadillo.

Hay una, un poco alejada, mordiéndose las uñas. Observo a Marga, a unos cincuenta metros de mi posición. Pasea con el aire casual de las putas de un lado a otro de la esquina. A ratos habla, o finge hablar, por el teléfono móvil.

Pasa cerca de ella un tipo con una bolsa al que le dice algo. Él se detiene y conversan.

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Aquello sí que era sórdido. Una puta es el resultado de las políticas de quienes nos gobiernan. Ahí seguí prostituyéndome durante un año. Había numerosos meublés y pensiones u hoteles cuyas habitaciones se alquilaban por horas. Sentirme abrazado por una de estas mujeronas era impactante.

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